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El titular ha corrido rápido esta semana: las ejecuciones hipotecarias sobre vivienda habitual tocan su nivel más alto en nueve años. Algún medio ya ha sacado la comparación con 2008, que vende mucho pero explica poco. Vamos a mirar el dato de cerca antes de sacar conclusiones.

El número, sin adornos

El INE contabilizó 3.703 ejecuciones hipotecarias sobre vivienda habitual entre abril y junio de este año. Es un 27,5% más que en el mismo trimestre de 2025 y la cifra trimestral más alta desde principios de 2017, hace ya nueve años. Sumando todo tipo de finca (no solo vivienda habitual), el trimestre cerró con 7.141 ejecuciones, un 12,2% más que un año antes.

Dos matices que suelen quedarse fuera del titular. Uno: una ejecución hipotecaria es el final de un proceso judicial que arranca, como mínimo, un año antes por impagos acumulados, así que este dato de abril a junio refleja hipotecas que ya venían tensionadas desde 2024 o 2025, no la foto del mes pasado. Dos: el 92% de esas ejecuciones fueron sobre vivienda de segunda mano, lo que encaja con hipotecas más antiguas y, en muchos casos, con tipos revisados al alza durante los últimos dos años de euríbor incómodo.

¿Volvemos a 2008?

No, y conviene decirlo con números encima de la mesa. En el peor año de la crisis anterior, 2014, se contabilizaron más de 100.000 ejecuciones hipotecarias en España en todo tipo de finca a lo largo del año completo. Los 7.141 de este trimestre, incluso multiplicados por cuatro para estimar un año, quedan muy por debajo de aquello. El mercado laboral también sostiene mejor: en 2012 el paro rozaba el 26%, ahora ronda un tercio de esa cifra.

Lo que sí es real es la dirección: la cifra sube desde hace varios trimestres y coincide con el tramo en que más hipotecas variables se han encarecido de golpe. El euríbor cerró agosto en su nivel más alto en dos años y septiembre ha abierto todavía más arriba, así que la presión sobre las cuotas que se revisan ahora no es cosa del pasado, es de este mismo mes. Hace unas semanas te contábamos que la deuda hipotecaria de las familias también tocaba máximos desde 2017. Son dos caras del mismo fenómeno: se debe más y cuesta más sostenerlo.

Antes de llegar a la ejecución hay mucho camino

Aquí está lo importante para quien lee esto con la cuota apretando: entre el primer impago y que un juzgado inicie la ejecución pasa, por ley, más de un año de cuotas acumuladas sin pagar. Es tiempo real para actuar, y la mayoría de la gente lo desaprovecha por vergüenza o por evitar la llamada.

Si notas que un mes se te complica, esto es lo que puedes mover antes de que el problema se ponga en piloto automático:

  • Llama tú primero al banco, no esperes a que te llamen. Pedir una carencia (dejar de pagar capital unos meses, solo intereses) o una ampliación de plazo es mucho más fácil cuando llevas cero cuotas impagadas que cuando llevas seis.
  • Mira si entras en el Código de Buenas Prácticas Bancarias, pensado justo para hogares con ingresos ajustados y una hipoteca que se les ha quedado grande. Contempla reestructurar la deuda antes de plantear nada más drástico.
  • Desconfía de quien te cobre por adelantado prometiéndote una dación en pago garantizada. Esa decisión la toma el banco, o en su defecto un juez, nunca un intermediario que cobra entrada.
  • Si el problema es puntual (un despido, una baja larga), documenta bien tu situación antes de hablar con el banco. Las entidades responden distinto a "no puedo pagar" que a "no puedo pagar estos cuatro meses porque estoy cobrando el paro, y luego sí".

Así suele ir esto en la práctica. Elena se quedó sin uno de los dos sueldos de casa a mediados de 2025, justo cuando su hipoteca variable se revisaba al alza. Aguantó dos meses pagando con la tarjeta antes de llamar al banco, convencida de que reconocer el apuro le cerraría puertas. Cuando por fin llamó, la oficina le ofreció una carencia de capital de seis meses sin pedirle nada raro a cambio, solo los papeles del despido de su pareja. Seis meses después, con el segundo sueldo recuperado, volvió a la cuota normal. No hubo drama, solo una llamada que retrasó dos meses de más.

El dato de esta semana no es una alarma para todo el mundo, es una llamada de atención para quien lleva tiempo aplazando esa conversación con el banco. Cuanto antes se tenga, más opciones quedan sobre la mesa.

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