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Encuentras el piso, cierras precio con el vendedor, firmas las arras y respiras. Y entonces llega el tasador, se pasea por el salón con una tablet, hace fotos al baño y dos semanas después te manda un informe con un número que no cuadra con lo que ya habías pactado. Bienvenido al momento en que la hipoteca deja de ser cosa tuya y del vendedor, y pasa a ser cosa del banco.

El banco no presta sobre el precio, presta sobre la tasación

Aquí está la parte que mucha gente no tiene clara hasta que le pasa: el banco no financia el precio de compra. Financia el menor de dos valores, el precio que has pactado o el de tasación, el que sea más bajo.

Si compras un piso por 220.000 euros y la tasación certifica 200.000, el banco calcula su porcentaje de financiación (normalmente hasta el 80% en vivienda habitual) sobre los 200.000, no sobre los 220.000. En ese caso serían 160.000 euros de préstamo. Los 60.000 euros que faltan para llegar al precio de compra, más los gastos de la operación (notaría, registro, gestoría, impuestos), los pones tú, de tu bolsillo.

Esto no es un capricho del banco. Es la garantía que le importa: si algún día tiene que ejecutar la hipoteca, quiere recuperar lo prestado con margen, y ese margen lo calcula sobre el valor real del inmueble, no sobre lo que dos particulares hayan acordado en una tarde.

Por qué sale baja (y casi nunca es porque el tasador "se equivoque")

Las tasaciones bajas suelen tener explicaciones bastante terrenales:

El tasador compara tu piso con operaciones recientes en la zona, y si el mercado se ha enfriado en los últimos meses o los pisos comparables que ha encontrado son de peor calidad que el tuyo, el número sale conservador. También pesa el estado real del inmueble: una reforma pendiente, humedades, una cocina de hace treinta años, todo eso resta valor aunque el vendedor lo haya vendido como "a estrenar". Y luego está la sobretasación del mercado: en zonas donde hay mucha demanda y poca oferta, los precios de venta a veces se disparan más rápido que las referencias que puede usar legalmente el tasador, que está obligado a apoyarse en comparables objetivos, no en lo que la gente esté dispuesta a pagar esta semana.

Qué puedes hacer si te pasa

Primero, no entres en pánico ni firmes nada de más rápido de lo necesario. Tienes varias salidas y no todas implican perder el piso.

Negociar el precio con el vendedor. Si la tasación viene con números y comparables, es un argumento razonable para pedir que el precio baje hasta acercarse al valor tasado. No siempre funciona (algunos vendedores se plantan), pero es gratis intentarlo.

¿Tienes ahorro de sobra? Entonces cubres la diferencia entre lo que presta el banco y lo que cuesta el piso, y sigues adelante sin tocar el precio pactado. Lo importante es hacer esos números antes de firmar las arras, no cuando ya no hay vuelta atrás.

También puedes pedir una segunda tasación. Ninguna tasadora homologada por el Banco de España tiene la última palabra, así que puedes encargar un segundo informe a otra sociedad homologada. Cuesta otro dinero (entre 150 y 400 euros, según la tasadora y los metros del piso) y no garantiza un número distinto, pero a veces la primera sí tenía margen, sobre todo si el tasador no visitó a fondo el inmueble o se saltó una reforma reciente.

Otra opción es probar en otro banco. Cada entidad trabaja con tasadoras distintas (aunque todas homologadas), y los criterios internos de riesgo también varían. Una segunda entidad puede aceptar la misma tasación y ofrecer mejores condiciones, o encargar la suya propia con otro resultado.

Y la que más gente olvida: la cláusula de arras es tu red de seguridad. Si dejaste la operación condicionada a la concesión de la hipoteca (y deberías, siempre), una tasación baja que impida financiar el precio pactado es motivo de sobra para echarte atrás sin perder la señal. Revisa esa cláusula antes de firmar, no cuando el problema ya esté encima de la mesa.

El truco real: no esperes a las arras para tasar

Si puedes, encarga la tasación (o al menos una valoración orientativa) antes de comprometerte con arras y un precio cerrado. La tasación oficial la pide el banco cuando ya estás en proceso de hipoteca, pero nada te impide moverte antes: mira comparables de pisos vendidos (no solo anunciados) en el mismo edificio o calle, pregunta a la agencia por el histórico de ventas de la zona, y si el precio que te piden parece por encima de lo que se ha vendido últimamente, ya sabes que la tasación puede darte un susto.

Y un detalle que se olvida: la tasación caduca a los seis meses (Orden ECO/805/2003). Si tu proceso de compra se alarga más de eso, el banco puede pedirte una nueva, con el gasto y el riesgo de que el número cambie otra vez.

Al final, la tasación no es el enemigo. Es el filtro que te protege de pagar de más por un piso, aunque en el momento te fastidie el plan. Mejor saberlo con margen para maniobrar que descubrirlo con la firma ya casi encima.

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