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Vives en Múnich, en Londres o en Buenos Aires y te has enamorado de un piso en la Costa del Sol o de un ático en Madrid. Genial. Ahora la parte menos bonita: el banco español no te va a tratar igual que a tu vecino de toda la vida, aunque cobres en euros y tengas el NIE más usado que el DNI de tu prima.

Primero, ¿eres "no residente" de verdad?

Aquí la gente se lía porque piensa en pasaporte y en realidad esto va de Hacienda. Si pasas más de 183 días al año fuera de España o el grueso de tus ingresos y tu vida económica está fuera, te consideran no residente fiscal, tengas o no nacionalidad española. Puedes haber nacido en Sevilla y llevar quince años trabajando en Zúrich: para tu hipoteca, cuentas como no residente.

Eso cambia las reglas del juego antes de que hayas visto una sola oferta.

Cuánto te presta el banco (spoiler: menos que a tu vecino)

Un residente en España se suele mover en el 80% de financiación sobre el valor de tasación o compra, el que sea menor. Si no resides aquí, la banca aprieta: lo normal es entre el 60% y el 70%, y algunas entidades ni se acercan al 70% salvo que tu perfil brille especialmente.

Traducido a dinero: en un piso de 300.000 €, con un 65% de financiación el banco pone 195.000 € y tú tienes que aparecer con 105.000 € de tu bolsillo, antes de sumar impuestos y gastos. Ese cheque inicial es la primera criba real, más que cualquier papeleo.

Los papeles que te van a pedir de más

Además de lo habitual (nóminas o rendimientos, vida laboral o su equivalente, extractos), cuenta con:

  • NIE en vigor, imprescindible para comprar aquí con o sin hipoteca.
  • Justificantes de ingresos del país donde trabajas, muchas veces traducidos y con apostilla.
  • Declaración de la renta o su equivalente en tu país de residencia fiscal.
  • En algunos casos, un representante fiscal en España o al menos una cuenta bancaria local para domiciliar recibos.

Nada imposible, pero sí más lento. Cuenta con que el proceso se alarga porque cada documento que viene de fuera tiene que pasar por una traducción jurada o una legalización antes de que el banco lo mire siquiera.

Más caro y con menos margen para devolverlo

El tipo medio para no residentes suele quedar por encima del 3%, un punto o más por encima de lo que le ofrecen al residente con el mismo perfil de ingresos. Y el plazo también se acorta: donde a un residente le dan hasta 30 años, aquí lo habitual es un tope de 20.

Menos años y más tipo significan una cuota mensual bastante más alta para el mismo importe. Antes de enamorarte de un precio de venta, haz la cuenta con esos dos años menos y ese punto de más, porque cambia bastante el número final.

El truco del avalista y otras formas de mejorar la oferta

Si tienes un familiar o socio residente en España dispuesto a avalar la operación, algunos bancos suavizan condiciones porque reduce su riesgo. También ayuda abrir una cuenta española con antelación y mover ahí parte de tus ingresos durante unos meses: no cambia tu residencia fiscal, pero le da al banco algo tangible que mirar además de extractos de otro país.

Y compara. El rango del 60% al 70% no es fijo: varía mucho de una entidad a otra, así que ir solo al banco que te suena de nombre te puede costar diez puntos de financiación de diferencia.

En corto

Comprar en España sin residir aquí no es imposible, es más caro y más lento. Menos financiación, tipo más alto, plazo más corto y una carpeta de documentos que cruza fronteras antes de llegar a la mesa del banco. Si sabes eso desde el principio, negocias con los pies en el suelo en vez de descubrirlo a mitad de la operación.

¿Necesitas que alguien te traduzca la oferta que te ha mandado el banco? Para eso estamos.

(Esto es contenido informativo. Cada perfil y cada banco son distintos: confirma tu caso concreto antes de firmar nada.)

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