Te separaste, te quedaste con la custodia compartida y cada mes hay una pensión de alimentos que entra o sale de tu cuenta. Ahora quieres (o necesitas) pedir una hipoteca, y la pregunta que nadie te resuelve en la notaría es: ¿esa pensión me ayuda o me hunde?
Depende de qué lado de la transferencia estés. Y el banco, como siempre, tiene su propia forma de verlo.
Si pagas pensión: te la suman como si fuera otra cuota
Aquí la cosa es bastante clara. El banco trata la pensión de alimentos que pagas como un gasto fijo mensual, igual que la cuota del coche o la de ese préstamo personal que te queda por pagar. No te la resta de los ingresos antes de hacer cálculos: te la suma al bloque de deudas y gastos recurrentes.
Eso importa porque los bancos trabajan con un límite de esfuerzo: todas tus cuotas juntas (la futura hipoteca incluida) no deberían superar un porcentaje de tus ingresos, normalmente entre el 30% y el 35%. No hay un tope legal fijo en España, cada entidad aplica el suyo, pero ese rango es el que manejan la mayoría de analistas de riesgo. Si pagas 400 euros de pensión y el banco calcula que tu hipoteca más esa pensión más el préstamo del coche se come el 45% de lo que ingresas, lo normal es que te ofrezcan menos capital del que esperabas, o directamente te digan que no.
La sentencia de divorcio o el convenio regulador homologado por el juzgado es el papel que el banco va a pedir sin falta. Ahí figura la cuantía exacta y, si tienes suerte, también su duración (hay pensiones vinculadas a que los hijos cumplan cierta edad o terminen sus estudios). Si esa pensión tiene fecha de caducidad cercana y la vivienda que quieres comprar la vas a pagar durante 25 o 30 años, merece la pena que lo expliques en la entrevista con el gestor: no es lo mismo una carga que se va a extinguir en dos años que una que te acompaña media hipoteca.
Si la cobras: aquí ya no hay reglas tan claras
Cuando la pensión entra en tu cuenta en vez de salir, la cosa se complica. En teoría podría sumarse a tus ingresos para mejorar tu ratio, pero en la práctica cada banco decide por su cuenta si la computa, y con qué peso.
Lo que suelen pedir para planteárselo siquiera: que la pensión esté fijada por sentencia o convenio regulador (nada de acuerdos verbales entre vosotros, por muy civilizados que sigáis siendo), que lleve un historial de cobro real en tus extractos de los últimos meses y, si puedes demostrarlo, que quede recorrido suficiente antes de que caduque. Un banco que vea que la pensión se extingue dentro de tres años y tu hipoteca dura treinta, probablemente la descuente del cálculo o le dé un peso menor.
Y hay un problema añadido que nadie te cuenta en la sucursal: una pensión de alimentos, por desgracia, no siempre se paga con la puntualidad de una nómina. Si el banco revisa tus extractos y ve meses sueltos sin ingreso, esa irregularidad juega en tu contra aunque el impago no sea culpa tuya.
Lo que sí puedes controlar antes de ir al banco
Ninguno de estos trucos cambia la ley, pero sí cambian cómo te ve el analista que estudia tu expediente:
Pide por escrito al banco cómo trata la pensión antes de presentar toda la documentación. Que lo diga el gestor con nombre y condiciones, no un rumor del foro de turno. Dos bancos pueden mirar tu mismo caso y dar respuestas distintas, así que comparar entidades aquí tiene más sentido que nunca.
Si pagas pensión, reduce otras deudas antes de solicitar la hipoteca. Cancela el préstamo del coche si ya casi lo tienes liquidado, cierra tarjetas revolving que no usas. Cada cuota que quitas del cómputo te deja más margen de esfuerzo para la hipoteca.
Si cobras pensión y quieres que pese en tu solicitud, lleva un historial de cobro impecable: mismo día del mes, mismo importe, sin lagunas. Si el pagador se ha retrasado alguna vez, ten a mano los justificantes de que al final cobraste, aunque fuera tarde.
Y si la custodia es compartida y los dos titulares de la futura hipoteca tenéis hijos a cargo con pensiones cruzadas (tú pagas una, cobras otra, o algo parecido), pide que el banco os haga un estudio conjunto con los dos movimientos sobre la mesa. Mezclado así, a veces el cálculo sale menos duro que analizando cada pensión por separado.
Lo último, antes de firmar nada
Las entidades no publican sus baremos internos, así que el margen entre "esto te lo tumba" y "esto apenas se nota" depende de la política de riesgo de cada banco en ese momento. Antes de descartar una hipoteca por culpa de una pensión de alimentos, pregunta en más de un sitio. Lo que un banco ve como un problema, otro lo mira con menos alarma, sobre todo si el resto de tu perfil (estabilidad laboral, ahorro, historial sin impagos) compensa.