Skip to main content
search

Pides una hipoteca y el banco pone sobre la mesa una condición que no esperabas: necesita que alguien avale el préstamo porque tu nómina sola no llega al ratio que exigen. La solución rápida suele ser familiar, literalmente: tus padres. Y ahí empieza una conversación que muchas familias tienen en la cocina sin haber leído antes la letra pequeña de lo que están a punto de firmar.

Avalar no es un favor, es firmar una deuda propia

Cuando tus padres avalan tu hipoteca no están poniendo la cara por ti, están asumiendo una obligación de pago tan real como la tuya. Si el aval es solidario, que es lo habitual en la banca española, el banco no tiene que agotar antes todas las vías contra ti: puede reclamarles directamente a ellos desde el primer impago, sin esperar embargos ni sentencias previas contra el titular. Y responden con todo su patrimonio, no solo con la casa que están avalando. Cuenta corriente, coche, nómina si todavía trabajan, cualquier cosa embargable.

Hay una variante que algunos bancos prefieren y que suena parecida pero no lo es: el "hipotecante no deudor". Aquí tus padres no firman como avalistas de tu deuda entera, hipotecan un inmueble suyo (normalmente su propia vivienda) como garantía adicional. La diferencia importa. Si algo sale mal, el banco puede ejecutar esa segunda garantía y subastarla, pero el riesgo queda limitado a ese inmueble concreto, no a todo lo demás que tengan a su nombre. Pregunta siempre cuál de las dos cosas estás firmando, porque el papel que te ponen delante no siempre lo deja claro a la primera lectura.

El aval también entra en la vida financiera de quien lo firma

Aquí está la parte que casi nadie explica en la oficina: el aval que acaban de firmar tus padres se registra como riesgo a su nombre en la CIRBE, el fichero de riesgos del Banco de España. No es una deuda que paguen ellos mes a mes, pero si en algún momento necesitan un préstamo personal, reformar su casa o renovar una tarjeta con límite alto, el banco que les atienda va a ver ese compromiso y lo va a sumar a su ratio de endeudamiento. El 30-35% de ingresos que casi todas las entidades reservan para cuotas no distingue entre "mi hipoteca" y "la hipoteca que avalé a mi hijo": computa igual.

Haz la cuenta con ellos antes de pedirles el favor. Si tus padres están pensando en jubilarse pronto, cambiar de coche a plazos o ayudar a otro hermano con algo parecido, el aval les puede cerrar puertas que ni se plantean hasta que las necesitan.

Cómo se quita el aval sin tener que vender nada

La buena noticia es que el aval no tiene por qué durar los 25 o 30 años de la hipoteca. Lo normal es liberarlo con una novación: cuando llevas un tiempo pagando sin incidencias, has amortizado capital o tus ingresos ya cubren solo tú el ratio que exige el banco, puedes pedir que retire la garantía. Es la misma herramienta que usarías para cambiar el tipo o el plazo, solo que aquí lo que cambia es quién responde del préstamo. El banco no está obligado a aceptar, pero si el riesgo ya no le hace falta, tampoco tiene demasiados motivos para negarse.

Si el banco se pone cabezón y no suelta la garantía aunque los números ya acompañen, queda la vía más incómoda pero efectiva: refinanciar la hipoteca en otra entidad sin avalista. El préstamo nuevo cancela el anterior, y con él se extingue automáticamente el aval original. Cuesta más en gastos de cambio, pero a veces es la única forma de que tus padres recuperen su firma.

Hay un detalle que conviene revisar el mismo día de la firma, no años después: la propia escritura del aval debería recoger en qué condiciones se cancela y si tiene fecha de caducidad. Si nadie lo pidió en su momento, pregúntalo ahora a tu gestor o notario. Y si el aval llega a sobrevivir a quien lo firmó, ojo: los herederos también responden de esa deuda si la hipoteca sigue viva e impagada, salvo que acepten la herencia a beneficio de inventario. No es la sorpresa que nadie quiere dejarle a su familia.

El truco que casi nadie pide al firmar

Si vas a pedir un aval a tus padres, el mejor momento para negociar su salida no es dentro de cinco años, es ahora, antes de firmar. Pide por escrito que el banco fije una condición objetiva de liberación: por ejemplo, cuando el capital pendiente baje de un porcentaje concreto del valor de tasación, o a partir de determinado año del préstamo si has pagado sin retrasos. Que quede en el contrato, no en la promesa verbal de quien te atiende en la sucursal. Así, el día de pedir la liberación, no dependes de su buena voluntad. Dependes de un número que ya está escrito.

(Esto es contenido informativo, no asesoramiento legal. Las condiciones del aval y de su cancelación varían según la escritura y la entidad: conviene revisarlas con un profesional antes de firmar o de pedir la liberación.)

¿Has aprendido algo?

Si quieres saber más y estar al día de mis reflexiones, suscríbete a mi blog y sé el primero en recibir las nuevas publicaciones en tu correo electrónico.

Unirme a la comunidad
Noticias relacionadas

Deja una respuesta


Close Menu