Vendiste tus criptomonedas en el momento justo, las convertiste en euros y por fin tienes la entrada del piso que llevabas años posponiendo. El dinero no es el problema. El problema es explicarlo. Ese ingreso no llega con nómina, ni con contrato, ni con un empleador al que el banco pueda llamar si le queda alguna duda. Llega de un exchange, y eso activa un protocolo que no tiene nada que ver con si te lo mereces o no.
El banco no desconfía de ti, desconfía del rastro
Desde la Ley 10/2010 de prevención de blanqueo de capitales, cualquier entidad financiera está obligada a preguntar de dónde sale un ingreso que no encaja en el patrón habitual: nómina, alquiler declarado, herencia con papeles de por medio. Las criptomonedas entran de lleno en la lista de movimientos que piden explicación extra, junto a transferencias desde varios países o dinero prestado entre particulares. No es que el analista sospeche de ti en concreto, es que la norma le obliga a mirar con lupa cualquier fondo cuyo origen no salte a la vista. El notario está sujeto a la misma ley en el momento de la firma, así que el filtro se repite dos veces antes de que tengas las llaves.
Lo que de verdad sirve para justificar el origen
Un pantallazo del saldo del exchange no convence a nadie. Lo que suele funcionar es un certificado de trazabilidad: un informe técnico que reconstruye el camino del dinero desde que compraste la criptomoneda hasta que la vendiste y la moviste a tu cuenta corriente, saltando de wallet en wallet y de exchange en exchange si hizo falta. A eso se suman los extractos de la propia plataforma, el histórico completo de operaciones (no solo el saldo del último día) y, sobre todo, que esas ganancias figuren en tu declaración de la renta. Sin ese rastro documental, el banco, y antes que él el notario, puede frenar la operación aunque ya hayas firmado las arras.
Por qué esas ganancias no cuentan igual que una nómina
La sorpresa está en lo que pasa después de justificar el dinero. Aunque quede acreditado al milímetro, no sirve igual para que el banco calcule cuánta hipoteca puedes pagar. Una nómina es un ingreso que se repite cada mes; una venta de criptomonedas es una ganancia puntual, tributa distinto (en la base del ahorro, no como rendimiento del trabajo) y nadie garantiza que se repita el año que viene. El banco suele aceptar ese capital como entrada o como colchón para gastos, pero rara vez lo suma al cálculo de ingresos mensuales que fija el 30-35% de cuota máxima. Si detrás no hay una nómina, un alquiler declarado u otra fuente estable, las criptomonedas te dan más dinero para la entrada, no más hipoteca concedida.
La factura fiscal que toca hacer antes, no después
Las ganancias por venta de criptomonedas tributan en el IRPF como ganancia patrimonial dentro de la base del ahorro: 19% hasta 6.000 euros, 21% entre 6.000 y 50.000, 23% entre 50.000 y 200.000, 27% entre 200.000 y 300.000, y 30% a partir de ahí. Si operaste con un exchange español, Hacienda ya tiene tus datos por los modelos informativos que estas plataformas presentan cada año, así que declarar no es cuestión de que nadie se entere. Y si no puedes acreditar cuánto pagaste por lo que vendiste, Hacienda puede considerar que el coste de compra fue cero y hacerte tributar por el importe íntegro, no solo por la ganancia real.
Lo que puedes hacer para no llegar como un caso raro
Convierte a euros con tiempo, no la semana antes de pedir la hipoteca: cuanto más rastro bancario tenga ya ese dinero en tu cuenta corriente, menos preguntas incómodas surgen en la sucursal. Evita mover una cantidad grande de golpe sin avisar antes al gestor, porque eso enciende alertas automáticas antes de que puedas dar ningún contexto. Guarda el histórico completo del exchange y las declaraciones de la renta donde figuren esas ganancias, no solo el justificante del día que vendiste. Y si el resto de tus ingresos son irregulares, buscar un segundo titular con nómina fija o hablar antes con un bróker hipotecario que ya haya tramitado un caso parecido ahorra bastante frustración.
Nada de esto significa que te vayan a cerrar la puerta. Significa que la documentación tienes que llevarla ordenada antes de que te la pidan, porque el banco y el notario la van a pedir sí o sí. Cuanto antes la tengas lista, antes dejas de ser un caso raro y pasas a ser un cliente más.